
Muchos textos siguen avanzando cargados de identidades antiguas, con formas de comunicar que ya no encajan en la realidad que vivimos hoy.
Maneras de expresarnos que en su momento tuvieron sentido —y quizá incluso fueron necesarias—, pero que hoy resultan rígidas, impostadas o directamente anacrónicas.
Son identidades comunicativas que, sin darnos cuenta, nos lastran.
Y no por falta de claridad, sino porque seguimos escribiendo desde lugares que ya no nos representan.
Te pongo algunos ejemplos de identidades que pueden estar debilitando tu voz y tu forma de comunicar
Estas identidades no siempre son evidentes, pero dejan rastro en la forma en la que escribimos y nos exponemos.
💡 La identidad fuerte o entusiasmado hasta los tuétanos
Se muestra siempre implacable, incluso cuando por dentro está agotada, exhausta o con la sensación de que le ha pasado un camión por encima.
Sostiene una imagen de energía constante y entusiasmo permanente, no porque sea real, sino porque cree que así resulta más profesional, más fiable o con mayor potencial productivo.
💡La identidad graciosilla que hace uso del humor como escudo
Hay profesionales que caen en la trampa de usar el humor para no exponer lo que realmente piensan.
Recurren a la broma para suavizar el mensaje, evitar el conflicto o no posicionarse del todo.
Una forma de decir sin decir, en la que el humor funciona como mecanismo de protección, no como una expresión genuina.
Es como lanzar la piedra y esconder la mano detrás de una sonrisa forzada.
💡La identidad fervientemente complaciente
Es la persona que quiere agradar a todo el mundo.
Por eso su discurso se refugia en la neutralidad, evitando cualquier afirmación que pueda generar controversia, incomodidad o rechazo.
Habla sin molestar, opina sin posicionarse y escribe sin inclinar la balanza hacia ningún lado.
No por falta de criterio, sino por miedo a perder aceptación y a la validación que viene de fuera.
💡La identidad del profesional exitoso que se apalanca en una vulnerabilidad desgastada
Es el profesional que se presenta a través de una historia de superación personal que, en algún punto, chirría.
Sobre todo cuando el relato gira de forma previsible hacia convertirse en el médico más exitoso y reputado de su gremio.
Tal como lo cuenta —siguiendo una fórmula narrativa reconocible, aprendida o repetida—, la vulnerabilidad en la que se apalanca, cansa.
No suena sincera, sino estratégica.
💡La identidad de quien cree tener la verdad escrita en piedra
Son profesionales que imponen su criterio como si fuera incuestionable, amparándose en “lo que dice la ciencia” para descartar cualquier mirada que no encaje en ese marco.
Su discurso se vuelve rígido y difícil de humanizar.
Y aunque se presenta como rigor, suele despertar rechazo por la sensación de superioridad que transmite, más que por la solidez real de sus argumentos.
¿Sientes que tus textos cargan a cuestas con alguna de estas identidades?
Si es así, este artículo no es para señalarte con el dedo ni para corregirte.
Es para mostrarte que existe otra forma de comunicar, una que puede convertirse en una fase previa de cuidado y trato a tus pacientes, incluso antes de que lleguen a tu consulta.
No tiene que ver con expresarse con más o menos claridad, precisión o concreción.
La claridad es el punto de partida: el mínimo imprescindible para que un texto se entienda.
Lo que viene ahora tiene que ver con soltar lastre.
Con dejar atrás identidades que ya no te representan y abrirte a una dimensión de la comunicación sanitaria más sincera, más consciente y alineada con la forma en la que hoy te comunicas y ejerces tu profesión.

El eje de esta nueva dimensión: una voz sincera con criterio selectivo
El eje de esta nueva dimensión es una voz sincera, capaz de contar verdades desde un lugar que no se parece a lo que ya hemos leído mil veces.
El punto de partida es el criterio selectivo.
La capacidad de elegir qué historias, experiencias o reflexiones de tu mundo merecen ser contadas porque aportan algo sustancial a quien te lee.
Y aquí me posiciono:
En tiempos de la IA, el criterio selectivo que nace de la experiencia humana es el nuevo lujo comunicativo.
La primera base de esta dimensión es alejarse del lenguaje viral.
Frases, expresiones o fórmulas de copy funcional que empiezan fuerte, pero terminan como siempre, porque ya las hemos visto circular hasta la sepultura. Ese tipo de lenguaje no construye confianza: te diluye en el ruido.
La segunda base es el uso de un lenguaje que se sienta humano, no automatizado.
Un lenguaje que no solo se entienda en la cabeza, sino que se perciba en el cuerpo.
Eso ocurre cuando utilizas metáforas que ya empleas, casi sin darte cuenta, al explicar algo complejo a tus pacientes.
Porque las metáforas llegan a capas que la explicación clara, por sí sola, no alcanza.
Del mismo modo, una narrativa que se siente real despierta emociones sin necesidad de gritar más ni impostar nada.
Conecta con valores, inspira desde la sinceridad y deja huella sin caer en el discurso superficial que ya cansa.
Del postureo a la sinceridad real, sin capas de más
Es el camino que lleva directo a una redacción médica sincera, la que se convierte en una forma de cuidado más.
Hay muchos profesionales que se sienten impostores ahí fuera.
Y uno de los factores que más alimenta esa sensación tiene que ver con los roles o identidades en los que nos encasillamos al comunicar.
Desde el profesional extra fuerte, el graciosillo, el complaciente, el dogmático o quien se apalanca en la vulnerabilidad para emocionar, entre otros muchos.
Identidades que, cuando se sostienen en el tiempo, terminan convirtiéndose en una fachada.
Si te reconoces en alguna de ellas, llega un punto en el que mantener esa máscara ya no te deja espacio para conectar de verdad con tu audiencia.
Todas esas capas generan distancia, porque quien te lee percibe una falsedad que no termina de creerse.
Y ahí la confianza se resiente cada vez más.
Al final, eliges qué verdad de ti sostener, sabiendo que tarde o temprano la auténtica acaba saliendo.
Porque estas formas de comunicar no solo incomodan a los demás; sobre todo, nos desgastan por dentro y nos frenan a la hora de llegar a más personas a las que podríamos estar ayudando.
Aun así, muy pocos se plantean soltar esas identidades.
Creen que hacerlo es traicionarse, romper con la letra de la canción de “yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré”.
Pero no cambiar también es una decisión.
Y para mí, cambiar no es fallarte, sino evolucionar para abrirte a más oportunidades en el contexto en el que hoy nos movemos.
Porque en este entorno, la falsedad, los roles impostados y las frases gancho están dejando de ser eficaces para construir vínculos profundos y fiables con tus pacientes.
Cómo sostener una comunicación médica sincera en el tiempo
En el ámbito de la salud, el lenguaje nunca es neutro.
Puede tranquilizar, ordenar y generar confianza… o provocar justo lo contrario.
Por eso la redacción médica no consiste solo en escribir bien.
Consiste en elegir las palabras con la misma precisión con la que se toman decisiones clínicas, sabiendo que hoy muchas de esas decisiones empiezan antes de la consulta: leyendo un artículo en tu web o uno de tus correos.
Cuando el conocimiento se traduce con criterio y, además, se sostiene en el tiempo, la comunicación se convierte en una forma de cuidado más para tus pacientes.
Ahí es donde la estrategia, el contenido y la constancia empiezan a trabajar juntos.
El lenguaje que cura también se escribe, sin perder ni una gota de rigor ni sensibilidad.
Pero para lograr eso necesita tiempo, coherencia y una intención clara detrás de cada palabra.
Se trata de pensar tu comunicación como el seguimiento de un paciente:
saber qué explicar, en qué momento hacerlo y cómo acompañar esa información para que pueda integrarla sin ruido ni confusión.
Desde trabajar los temas dentro de un calendario editorial con criterio, hasta escribir artículos de blog médicos que profundizan y correos persuasivos que los acompañan y les dan continuidad, como una misma conversación sostenida en el tiempo con tus pacientes.
Así es como la comunicación deja de ser postureo.
Y empieza a parecerse mucho más a la forma en la que tú ya cuidas de tus pacientes en consulta.
Si sientes que ha llegado el momento de soltar roles antiguos y construir una forma de comunicar más sincera, con criterio y regularidad, cuéntame tu caso.





